Barry: cuando te conocimos vivías atado a un árbol, sin caseta, sin compañía humana o animal alguno y alimentado de cuando en cuando por un dueño al que nunca llegamos a ver. Los días que el dueño no se dignaba a alimentarte, te daba de comer una vecina, la misma que nos llamó para que fuéramos a buscarte. No tuvimos ocasión de preguntar a tu dueño qué sentido tenía tener un animal en esas condiciones. Preferimos por ello acharcarlo a la ignorancia más que a la maldad (más que nada para que nuestros pensamientos nos ayuden a seguir adelante). Viviste con nosotros un año. Durante ese año te adoptaron en una ocasión, pero la misma noche de la adopción te dejaron escapar y volviste sólo al albergue. No volvieron a preguntar por ti... Por desgracia ya no tendrás tu tercera oportunidad. Un día amaneciste con mucha fiebre y el veterinario no pudo hacer nada para salvarte. Nos consuela saber que al menos viviste un tiempo con caseta, con comida diaria y querido por un puñado de voluntarias. |